pretérito mar

Blanca nube
burbuja en el mar
los paisajes se visten
y van a la cuna del sol
en dostal
más oleaje en sublimación,
los corales de nuestro andar
las heridas en espiral
la sangre,
el fructífero azar de noche,
los ríos, el campo,
la lluvia que cae en el asfalto,
aire,
único aire
y un sólo respirar,
cuando se extraña
a los lejos
se oye el murmuro
de éste mar.

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La luna è nostra

La luna sale
y va armando las historias
de los puentes,
las lejanías
amantes crueles del azar,
se aman fuerte sin curar
la herida fuerte
de la soledad.

Hechizo de luna reflejo
en el mar de los sauces,
cuarto de luna creciente de
los paisajes,
tejen un cuento
atraído por los amantes.

Turbante luna
testigo del oleaje,
amor,
amor sincero,
amor de aves,
vuelan hasta
contemplar la suave brisa
del recuerdo, de los días
que pasan sintiendo la
ausencia del corral,
la luna è nostra,
del mismo soñar,
trae esperanza para
toda mi ciudad.

La copla y el maizál

Invierno crudo,
amante en lejanías,
se funden en las esquinas
de las mil soledades.

Invierno, invierno tuyo
caudal de los paisajes,
copla pasajera del brebaje
de la mañana, café tostado,
ojos de miel, marrón cruzado
ligado con lo invisible del edén.

Hay memorias en el trigal,
ancora del corazón y el maizál,
tiempo de las voces que esconden
los corales del diciembre,
brisa del mar presente que se
queda en los llanos y amanece;
copla mía, copla tuya, sueltas
en nuestro palpitar.

Estación

La elipsis nocturna es un reflejo
víscera de los cuerpos/pieles
cuando la luna sale en deseos,
cardumen de la luz, suave gozo
de la noche olvidando el regazo
de las heridas mal curadas.

Mareo incesante efigie en las
estrellas, donde por un momento
se olvida la vida en un cerrar
de ojos, evocando cada caricia perdida.

Naufragio

Cuento las secuelas de la madrugada,
hay veneno en el crudo silencio,
y no hay escapatoria al olvido.
Voy naufragando y quedando
siempre en la orilla del vacío,
buscando más agua,
en el abismo de mi oscuridad.

Sigo aprendiendo del ocaso
y el azul del universo,
vivo porque voy a un lugar
donde mis sueños crecen como
nube y se desvanecen navegando
en lo profundo del mar de
los sueños, donde las estrellas
duermen y la vía láctea busca
calma con la luna llena.

La soledad, el humo, los años,
quedan en un completo despertar,
el viento es un viajero,
y yo sigo encontrándole sentido
a lo que siento, recordando que
amar también es soltar al ave
que sigue presa y no puede volar.

Vivo para sentir,
estoy aquí porque tengo huesos,
puede que falte convertirse en aire
para llegar a la cuna de los
planetas, quizás sea ese el futuro,
habitar aunque sea en los sueños de marte.

Tarde lo-fi

Me encontré en una tarde tiesa,
blindada en el azar incógnito
de las palabras,
conjurando el amor con letras
de canciones.
De pequeña creía que el tiempo
era eterno, por eso sigo en desvelo,
y no, sólo soy soledad viajera,
soledad del puro calor que avienta al sol.

Hay una brisa tan palpitante y serena
cuando llega Diciembre,
al estar cerca de la noche,
todo se torna lo-fi,
sólo se escucha el claro-azul-amarillo
de la tarde/noche.

No es tanto observar,
es también escuchar el atardecer,
y viajar bailando con las sombras
que aparecen con el sol,
esa nostalgia que va apagando
la claridad cuando se mete
por la ventana, y las paredes
cobran vida de melancolía en
una tarde que recibe a la oscuridad.

Espiral de soledad

Tengo silencio,
tomo del silencio,
y voy dejando mi sombra.
¡Cuánto han parido los años!
y yo sigo aquí, vagabunda en mi imaginación,
alejada de memorias que fueron anclas,
estrecha al vacío, dosificando mis letras,
encontrándole un sentido a la noche.

Quiero volver a seguir los pasos de mi sombra,
quizás me tenga que acostumbrar a mi propia ausencia,
quizás hoy me toca perderme sólo en mí,
seguir aprendiendo de la soledad.