Naufragio

Cuento las secuelas de la madrugada,
hay veneno en el crudo silencio,
y no hay escapatoria al olvido.
Voy naufragando y quedando
siempre en la orilla del vacío,
buscando más agua,
en el abismo de mi oscuridad.

Sigo aprendiendo del ocaso
y el azul del universo,
vivo porque voy a un lugar
donde mis sueños crecen como
nube y se desvanecen navegando
en lo profundo del mar de
los sueños, donde las estrellas
duermen y la vía láctea busca
calma con la luna llena.

La soledad, el humo, los años,
quedan en un completo despertar,
el viento es un viajero,
y yo sigo encontrándole sentido
a lo que siento, recordando que
amar también es soltar al ave
que sigue presa y no puede volar.

Vivo para sentir,
estoy aquí porque tengo huesos,
puede que falte convertirse en aire
para llegar a la cuna de los
planetas, quizás sea ese el futuro,
habitar aunque sea en los sueños de marte.

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Tarde lo-fi

Me encontré en una tarde tiesa,
blindada en el azar incógnito
de las palabras,
conjurando el amor con letras
de canciones.
De pequeña creía que el tiempo
era eterno, por eso sigo en desvelo,
y no, sólo soy soledad viajera,
soledad del puro calor que avienta al sol.

Hay una brisa tan palpitante y serena
cuando llega Diciembre,
al estar cerca de la noche,
todo se torna lo-fi,
sólo se escucha el claro-azul-amarillo
de la tarde/noche.

No es tanto observar,
es también escuchar el atardecer,
y viajar bailando con las sombras
que aparecen con el sol,
esa nostalgia que va apagando
la claridad cuando se mete
por la ventana, y las paredes
cobran vida de melancolía en
una tarde que recibe a la oscuridad.

Espiral de soledad

Tengo silencio,
tomo del silencio,
y voy dejando mi sombra.
¡Cuánto han parido los años!
y yo sigo aquí, vagabunda en mi imaginación,
alejada de memorias que fueron anclas,
estrecha al vacío, dosificando mis letras,
encontrándole un sentido a la noche.

Quiero volver a seguir los pasos de mi sombra,
quizás me tenga que acostumbrar a mi propia ausencia,
quizás hoy me toca perderme sólo en mí,
seguir aprendiendo de la soledad.

 

Hábitat

Hay un descenso en las
aguas coralinas,
traigo agua,
conservo flores,
espero la lluvia en
las noches,
para liberarme del invierno,
y crujirme de los sonidos.

Tengo ramas de ilusión,
pero también existe
el fuego de las corrientes
que me ataca, y suelo
enfrentar la vida misma
con el triscar de mi fuerza.

¡Qué pura el agua de la mañana!
cuando combina nuestro reflejo,
efigie del silencio,
esa albada repentina que
visita lo somero de los extraños,
¡Y sí que hay extraños invisibles!
no de piel, no olvidados,
no de humanos.

Extraños deambulando con
nuestra soledad,
atravesando ríos de tristezas,
acompañando el alba de todos
los días, acabando el fuego,
despertando el sueño forestal,
amaneciendo vidas, y criando noches.

Todavía existe agua en el corral,
allí salva escondida,
ya despertó del coma,
toma su sueño en un frasco,
y guárdalo hasta saciar de ti.

Apareces

Trae huesos,
escava heridas,
y dar en sed
el vuelco vertiente
en llamas,
hoguera del abismo
que traspasa el veneno
del recuerdo.

Culpa de los secos,
lumbre misteriosa,
en incauta frialdad,
juegan a gritos,
dispersando el nudo
de la noche, van en tímida
colisión, durmiendo
los estragos de
las puñaladas verbales,
ahí guardadas en años.

En el otro pasillo,
se encuentra lo oscuro y vertiente
de la hoja seca de tu recuerdo,
con mi mano revoloteo,
hago trazos, escribo en fila,
me armo, me prendo,
cruzo vías y escapo noches,
hago y deshago en tu nombre.

La única salida es certera,
tu música en mis venas,
que corre a flote, me llena,
me tuerce, me quema,
queda ahí para ser juzgada,
y memoriada en plural.

Hay una luz que atenúa la sombra
que aparece cuando tú no estás,
hay una guitarra que suena,
despertando toda mi sed.
sigues ahí, puro e intacto,
siempre sublime en la memoria.

Tarde

Ya son las seis,
y el arroz está recién,
la lluvia sigue toda serena
en cúmulos de melancolía,
voy a la rejilla a curar
mi guarapo,
bostezando el vapor,
buscando calor,
sintiendo todo en degradación.

Suena una guitarra alternativa,
desde el techo de los azulejos,
que rima mi pretérito sentido,
ése que aplaca lo invisible de mi nostalgia.

Creo que el tiempo es justo cuando queremos
encontrarle sentido a lo nuestro que habita
cada vez que la lluvia sale a merodear
los papeles y paisajes de un recuerdo.