El arte de la noche y el lamento de los soñadores:

Hay tantos deseos regados
como almas voraces
perdidas en un sin
fin de cúmulos
que buscan ser
escuchadas más
allá de otro
universo,
no es el arraigo
de pertenecer,
estar y prevalecer,
es la mañana, y
la tarde cómplices
de la íncola noche
que va brotando
todo el murmullo
interno de los
creadores.
A veces se acumula
tanta diáspora
que llorar no
es un despertador,
es sólo un alimento
para los fantasmas
que
heredaron
una ciudad ya
marchita.

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Distancia, órbita

Las hojas secas
de este abril
extrañan curarse
de la melancolía,
monotonía
del domingo
que se expande
con el final
de cada tarde.
Cada sueño aislado,
se va guardando
cuando la noche
recuerda que la luna
está esperando
la fuerza órbita
de los latidos
expandidos de dos
distancias que sienten
la misma soledad…
cierra los ojos
y emerge con el viento,
escucha este silencio
revoloteando entre el sendero,
dibuja un momento para no perderlo
                       te quiero.

Presagio

Despójame con esta noche
de mis tristezas,
prometeré no verte
cuando me descubras
en la oscuridad.
Cada caricia es profana
a quererte, y cada beso
es como un veneno dulce
que va colmando todas
nuestras flores que nacen
al descubrir cada necesidad
silenciosa que esperó por
mucho tiempo
toda la sed
de nuestros cuerpos.
Noctámbulo recuerdo
de la miel, y lubre
de la piel,
jactarnos de esta agua,
sintiendo el calor,
hagamos un amor verosímil
que espante lo incurable
de las heridas marcadas
en el adagio de nuestro
corazón.

La luna è nostra

La luna sale
y va armando las historias
de los puentes,
las lejanías
amantes crueles del azar,
se aman fuerte sin curar
la herida fuerte
de la soledad.

Hechizo de luna reflejo
en el mar de los sauces,
cuarto de luna creciente de
los paisajes,
tejen un cuento
atraído por los amantes.

Turbante luna
testigo del oleaje,
amor,
amor sincero,
amor de aves,
vuelan hasta
contemplar la suave brisa
del recuerdo, de los días
que pasan sintiendo la
ausencia del corral,
la luna è nostra,
del mismo soñar,
trae esperanza para
toda mi ciudad.

La copla y el maizál

Invierno crudo,
amante en lejanías,
se funden en las esquinas
de las mil soledades.

Invierno, invierno tuyo
caudal de los paisajes,
copla pasajera del brebaje
de la mañana, café tostado,
ojos de miel, marrón cruzado
ligado con lo invisible del edén.

Hay memorias en el trigal,
ancora del corazón y el maizál,
tiempo de las voces que esconden
los corales del diciembre,
brisa del mar presente que se
queda en los llanos y amanece;
copla mía, copla tuya, sueltas
en nuestro palpitar.

Naufragio

Cuento las secuelas de la madrugada,
hay veneno en el crudo silencio,
y no hay escapatoria al olvido.
Voy naufragando y quedando
siempre en la orilla del vacío,
buscando más agua,
en el abismo de mi oscuridad.

Sigo aprendiendo del ocaso
y el azul del universo,
vivo porque voy a un lugar
donde mis sueños crecen como
nube y se desvanecen navegando
en lo profundo del mar de
los sueños, donde las estrellas
duermen y la vía láctea busca
calma con la luna llena.

La soledad, el humo, los años,
quedan en un completo despertar,
el viento es un viajero,
y yo sigo encontrándole sentido
a lo que siento, recordando que
amar también es soltar al ave
que sigue presa y no puede volar.

Vivo para sentir,
estoy aquí porque tengo huesos,
puede que falte convertirse en aire
para llegar a la cuna de los
planetas, quizás sea ese el futuro,
habitar aunque sea en los sueños de marte.